¿Por qué actuáis a gran escala y no os conformáis con acciones locales de base?

Actuamos a escala de la Unión Europea y defendemos una visión para toda la sociedad: la Sociedad del Acuerdo. Es muy ambicioso. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué no nos conformamos con acciones locales de base?

Las razones son las siguientes:

  • para tener un efecto tangible, las acciones en favor de la justicia social y la sostenibilidad medioambiental deben salir del nicho de las personas convencidas y alcanzar la escala, considerable, de los problemas que hay que resolver;
  • En este salto de escala, estas acciones se topan con los obstáculos que impone el sistema jurídico, económico y social actual, construido en torno al contrato social de la sociedad de consumo: la sumisión al orden existente a cambio de la promesa de prosperidad material que surge de compartir los frutos del crecimiento. Era un contrato que funcionó en el siglo XX mientras se pudo mantener la ilusión de un planeta con recursos ilimitados, pero que hoy ya no se sostiene y que se ve bloqueado por las desigualdades sociales y la fragmentación política. Estos obstáculos se detallan a continuación. Por eso tenemos que cambiarlo y eliminar esos obstáculos;
  • solo se destruye lo que se sustituye: no basta con decir «cambiemos el sistema, no el clima». La honestidad exige describir, con precisión, el nuevo sistema con el que queremos sustituir al actual, y en qué sentido, como en cualquier contrato social, todos y todas salen ganando;
  • teniendo en cuenta el esfuerzo de adaptación que hay que hacer para cambiar profundamente nuestra sociedad, confiar en la voluntariedad no basta. Además, es moralmente inaceptable que algunos se libren de este esfuerzo, sobre todo con la excusa de que son ricos o poderosos. Para que se produzca el cambio y se eliminen los obstáculos que suponen las desigualdades sociales y la fragmentación política, tenemos que recurrir, en el momento oportuno, al poder coercitivo de la ley, y por tanto a las instituciones públicas y democráticas que la definen y la hacen cumplir;
  • nos hemos esforzado por definir este contrato social y nos encargamos nosotros mismos de llevarlo a cabo porque, por mucho que nos duela, ninguna de las organizaciones a las que debería corresponder esa misión lo hace por nosotros.

El sistema actual está atascado en su modelo destructivo para el clima y la vida debido a los obstáculos siguientes:

  • Las desigualdades sociales (en cuanto a nivel de ingresos, seguridad de los ingresos, patrimonio y competencias) suponen un triple freno para la transición hacia la sostenibilidad:
    • la existencia, en la parte más baja de la escala social, de un precariado sumido en la miseria, tanto en cada país como a escala mundial, es a la vez la excusa y la condición de posibilidad de una oferta insostenible. La excusa, porque solo los productos y servicios que se fabrican destruyendo un capital natural que nuestro sistema económico considera gratuito (el clima, la biodiversidad, los suelos, la salud física y mental de los trabajadores) —y que, por lo tanto, no son sostenibles— tienen un precio en moneda lo suficientemente bajo como para que esta población pueda permitírselos. La condición de posibilidad, porque solo una producción realizada en condiciones de explotación indecente de la vulnerabilidad de estas poblaciones puede alimentar a gran escala el flujo de productos a precios irrisorios que abarrotan nuestros supermercados antes de llenar nuestros armarios y, después, nuestros cubos de basura;
    • la existencia, en lo más alto de la escala social, de una casta de ultrarricos que acumulan fortunas indecentes, que muestran su desprecio por la ley y la solidaridad fiscal, y llevan un estilo de vida obsceno y destructivo, constituye un modelo de consumo insostenible incluso para la minúscula minoría que lo practica —y, con mayor razón, para la población mundial;
    • dentro de la escala social, las ventajas objetivas que genera, en una sociedad desigual, la superioridad social (ingresos altos y seguros, seguridad personal, impunidad de hecho, acceso a bienes escasos y a servicios como la educación, que garantizan su reproducción de una generación a otra), y las desventajas simétricas de la inferioridad (ingresos bajos y precarios, acoso administrativo y policial, justicia expeditiva, cierre de las perspectivas de mejora de una generación a otra), justifican la carrera por el consumo ostentoso. Cada uno persigue con ahínco, en medio de una competencia feroz que genera inseguridad y estrés constantes, su búsqueda de ingresos más altos, para demostrar con su consumo que pertenece a la clase dominante o, como mínimo, que no pertenece a la de los dominados;
  • La fragmentación política, sobre todo entre los 27 Estados miembros de la Unión Europea, es la causa de la impotencia pública. Sometidos por los ricos y las multinacionales a la carrera por los mínimos sociales y fiscales, los Estados se ven despojados de sus recursos e incapaces de garantizar la protección social y los servicios públicos básicos que espera la gente. Son demasiado débiles para imponer las reformas fiscales, jurídicas y normativas necesarias para que nuestras sociedades avancen hacia la justicia social y la sostenibilidad medioambiental.